viernes, 30 de abril de 2010

Inspiración


 Un repentino ataque de inspiración acaba de poseer mi mente, mi mano. Que pide casi a gritos tomar la tinta de esta lapicera y transformarla en letra. ¿Pero tengo algo para decir? Es que siempre existe algo para comunicar, expresar, transmitir. La manera más fácil  para mi es la imprenta, también lo es la sonora, los vocablos que esboza mi boca. Pero esa es más efímera, y muchas veces incontrolable. Prefiero la verborragia escrita, puedo administrarla, usarla en un futuro, y editar.


Cuándo estoy completando líneas de algún trozo de papel que vino a dar a mí, todo alrededor se minimiza. Está, pero no se nota. No en mí perspectiva. Me encuentro encerrada en mis propias ideas, tratando de que todo drene y nada se obstruya.

Es bueno ojear para atrás y observar la evolución, la progresión alcanzada, alguna que otra pantalla pasada. Ahí radica  mi provecho, el leer mis poemas, relatos y artículos anteriores, y poder reírme de los vivido y jactarme de lo superado, de lo aprendido. Cada escritura mía es una prueba fehaciente de lo madurado, o no. Y es un producto que puede ser reciclado para ocasiones posteriores, para no volver  a cometer los mismos errores.


Me regocijo de lo incorporado, también añoro lo ya pasado. Eso se llama nostalgia. Un sentimiento triste con un residuo de alegría, que se refleja cuándo con una leve mueca nos dibujamos una sonrisa. De todas formas no deja de ser triste, opaco, empañado. Sensaciones que el escritor nunca debe de dejar de lado, porque son fuente de inspiración, manifestación de sentimientos bajos. Y es que rinden más porque son los que nos hacen sufrir…porque cuando uno sufre siempre hay mucho más para decir. 

25 de Enero de 2008

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