jueves, 11 de agosto de 2011

Te dejo.

Te dejo llamarme a cualquier hora, sin excusas ni porqués.
Te dejo mirarme el alma a través de mis ojos, por largos ratos.
Te dejo despeinarme el cerquillo, tocarme el pelo y tirármelo.
Te dejo contarme las pecas de la cara, verme sin maquillaje, y a plena luz.
Te dejo interrumpirme cuándo hablo, callarme los labios y mordérmelos.
Te dejo desordenarme el cuarto, destenderme la cama y tirar todo al piso.
Te dejo estar a mi lado, dar vueltas a mi alrededor y poner mi mundo de cabeza. 
Te dejo apaciguar la fiera, calmar mis ansias y sacarme energías.
Quererme, mimarme, cuidarme. Tranquilo, que yo me dejo.



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