miércoles, 29 de septiembre de 2010

Miedo.

Miedo a las palabras continuas, incesantes y ajenas. Miedo al silencio que dejan cuándo no están. 
Miedo a la muchedumbre automática y a la completa soledad. Mía tan mía, imposible de compartir. 
Miedo a pasar frío. Miedo a morirme sofocada al sol.
Miedo a las alturas y miedo a que me pisen la cabeza.
Miedo a hablar en público, mucho. Miedo a que no me noten nunca.
Miedo a aprender y a ignorar.
Que me sigan, que se acerquen demasiado. Miedo.
Miedo a no ver más, a no volverme a parar, a no procrear.
Miedo, miedo y más miedo. A no recordar. A recordar todo y desvariar. A no encontrar lo que busco, y a de repente, encontrarlo todo junto. Cuánta locura.
Miedo al polvo del ambiente, a los pelos en la ropa y a las cucarachas.
Miedo a enfermar cada día un poco más, y miedo a no encontrar la cura.
Miedo a no encontrarle la vuelta, a este pelo ensortijado.
Miedo a que el ruido rompa mis oídos y miedo a que el silencio me anestesie los sentidos.
Miedo a las heridas, a los golpes y a las caídas. Físicas, espirituales.
Miedo a no ser captada ni entendida. A ser una incomprendida.
A pisar un perro, a que me muerda uno.
A dar todo y a no recibir nada. A querer tanto y no ser amada. 
Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo.
Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem. Ídem.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Be nice.